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El apagón

El apagón

El apagón
March 15
11:02 2019

Jesús Sánchez Meleán

Bertha Mijares estuvo encerrada por más de cuatro días, sin poder salir de su apartamento. A sus 67 años, esta profesora jubilada, tiene dificultad para bajar las escaleras de los 18 pisos que la separan de la planta baja. El ascensor de su edificio no funciona debido a la falta de electricidad en la ciudad donde ella reside. Bertha vive en Caracas, la capital de Venezuela, país que ha sufrido un apagón general que superó las 100 horas.

Ella corrió con suerte. Pudo sobrevivir gracias a los alimentos enlatados que tenía en su despensa, después de haber echado a la basura dos pollos enteros y todos los demás alimentos frescos que tenía en su refrigerador. Ella vive sola y le fue más fácil el resignarse a comer enlatados, cosa que no pudieron hacer sus vecinos de piso, una familia con tres niños menores de 10 años. Los padres de esos niños recurrieron a ella para poder alimentarse.

Los vecinos de Bertha, sin tener capacidad de ahorro porque viven en un país con más de un millón de inflación anual, no pueden acumular muchos alimentos en su despensa. Ellos solo pueden comprar lo que van a consumir. Y el apagón fue una desgracia mayor para esos jóvenes padres. Al salir a la calle se encontraron con la mayoría de las tiendas cerradas y las que estaban operando estaban completamente desabastecidas.

Ese joven padre le contó a Bertha que en Caracas se estaba viviendo una situación de conmoción general. La gente corría de un lugar a otro para llegar antes que se agotara la existencia de algo para comer. Y a quienes acudían a buscar alimentos ya preparados en algún food truck, o en pequeños restaurantes, reaccionaban con violencia cuando les exigían el pago en dólares. Este joven cuenta como vio a muchos venezolanos saqueando un supermercado.

Este padre pudo distinguir dos tipos de saqueadores. Aquellos que entraron al supermercado para llevarse consigo cualquier alimento que se estuviese en los anaqueles. Esas personas saqueaban por hambre, dijo él. Pero también percibió como otras personas rompían vidrieras con la finalidad de robar o simplemente causar daño. Estos otros saqueadores son más bien activistas políticos que salieron a crear conflicto estimulados por la convocatoria de Nicolas Maduro.

El discurso de Maduro buscaba que sus bandas armadas destruyesen los pocos establecimientos comerciales que quedan en Venezuela. Según la narración que le hicieron a Bertha, ninguna fuerza pública intentó contener ninguno de los dos tipos de saqueos. El vecino de Bertha tuvo entonces que protegerse a sí mismo para poder regresar sano y salvo. Él contó que además de los saqueos, se vio obligado a permanecer por dos horas en una línea para poder poner gasolina a su carro.

La gasolina es otro artículo de primera necesidad que escasea en esta Venezuela que estuvo a oscuras. Este joven llegó a su apartamento luego de esta larga y peligrosa travesía. Al llegar persistía el apagón. Sus hijos y su esposa dormían. Y él paso a contarle su experiencia a su vecina. Derramó muchas lágrimas ante Bertha al contarle que solo pudo comprar dos plátanos para alimentar a sus hijos y le confesó su determinación de emigrar lo más pronto posible.

Bertha compartió con esta familia lo poco que tenía. Y quizás su gesto solidario mitigó el duro momento por el que pasaban estos jóvenes venezolanos. A esta profesora jubilada sí le afectó la falta de agua potable. Cuenta que se sentía deshidrata al ver que pasaban las horas y no podía ingerir el agua que cuerpo le pedía. Este apagón general también trajo consigo la interrupción del servicio a agua potable.

Y aquí llegó la reciprocidad. Los vecinos de Bertha compartieron con ella el agua que habían podido recoger de un arroyo no muy lejano del edificio donde residen. Pero, les tocó improvisar el cómo esterilizar el agua no tan limpia que había traído desde el arroyo. Y cuenta Bertha que reconstruyó en la cocina de su apartamento un viejo experimento que ella acostumbraba a practicar con sus alumnos en su clase de química.

Ella no sabe si su invento para esterilizar el agua fue efectivo. Las consecuencias por haber ingerido agua no tan pura pudieran venir después. Pero, ella y sus vecinos tenían que tomar el riesgo. Hubo otros venezolanos que no pudieron tomar ese riesgo. La falta de electricidad y de agua potable, afectó a un grupo de pacientes que debía practicarse diálisis de un hospital en la ciudad de Maturín, a 300 millas de Caracas en dirección este. Unos 15 de ellos murieron.

Con excepción de sus limitaciones para caminar y estar de pie por largo tiempo, Bertha goza de buena salud. Y esa es una fortuna para alguien que vive en Venezuela. Lo otro que escasea en ese país, son los medicamentos. Y los costos de la atención médica son muy altos. Ella conocía sus limitaciones físicas y por eso solo decidió salir a la calle cuando el servicio eléctrico había sido restaurado.

Bertha tenía la necesidad de ver con sus ojos la tragedia que vivía su país. Y acto seguido paso a contarle a sus dos hijos, ambos en el exterior, la experiencia que había vivido. A sus dos hijos les reiteró que se queda en Venezuela, aun cuando le toque pasar hambre. Ella quiere estar en su país para el momento que pase el tiempo de la oscuridad.

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