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La paz como una quimera

La paz como una quimera

La paz como una quimera
September 12
13:26 2019

Jesus Sanchez Melean

Creo que Juan Manuel Santos debe comprar de inmediato un pasaje de avión con destino a Oslo, capital de Noruega.  Le recomiendo que se lleve ropa que lo cubra bien. En ese territorio nórdico, el otoño, con sus bajas temperaturas, se adelantó.  Santos debe llevar consigo la medalla de oro, de 24 kilates y fundida en el departamento colombiano de Íquira, que recibió por haber ganado el Premio Nobel de la Paz en 2016. Su viaje es para devolver ese medallón.

No pretendo que Santos lleve consigo los 975 mil dólares, o los 8 millones de coronas suecas, del premio en metálico que recibió en noviembre 2016. Ese dinero, de manera muy justa, fue usado para aliviar el dolor y las necesidades de las víctimas de los delitos cometidos por las FARC. La presencia personal de Santos en Oslo es una salida decente. Su credibilidad ha quedado afectada por el reciente anuncio de la reagrupación de las FARC.

Iván Márquez, quien encabezó el equipo negociador de las FARC que forjó un acuerdo de paz con el gobierno de Colombia, en Cuba, lidera la nueva versión de este grupo guerrillero. En la nueva aventura subversiva, a Márquez lo acompaña alias “Jesús Santrich”. La conducta disidente de Márquez y Santrich era un hecho conocido. Los dos habían dejado de cumplir con sus compromisos con la Justicia Especial para la paz (JEP) y estaban desaparecidos.

Quienes negociaron con Santos el acuerdo de paz, ahora rechazan y violan los compromisos alcanzados. Santos ha dicho que Márquez y Santrich son traidores al proceso de paz y que actúan por razones personales o por lucro. “Por lucro, por narcotráfico o para evitar la justicia en los casos de Márquez y de Santrich -con acusaciones de narcotráfico- porque sabían que el sobrino de Márquez, en manos de las autoridades norteamericanas los estaba delatando”, dijo.

Santos no muestra ningún signo de remordimiento por la rebelión de los exguerrilleros. Este político colombiano explicó que como ministro de la Defensa y luego como presidente hizo lo que pensó era lo correcto. Indica que tomó decisiones impopulares y dijo que las volvería a tomar. “¿A qué costo? El costo de la paz es alto, es más difícil hacer la paz que la guerra, pero el costo es siempre menor que continuar la guerra”, aseguró en una entrevista en México.

El expresidente dio más detalles de cómo entiende el proceso de conseguir la paz en su país. “La paz se divide en dos fases. Primero se desarman, se reintegran a la vida social, y luego lo más difícil, la reconciliación, sanar heridas a las que le han puesto sal durante 54 años. Eso toma tiempo y lo estamos iniciando”, considera. Y es aquí donde tengo una diferencia fundamental con Santos.

Creo que, en la sociedad colombiana del presente, el alcanzar la reconciliación va a tomar más tiempo y será un proceso más costoso de lo que Santos anticipó. Y peor aún, no estoy seguro de que la paz se pueda alcanzar tomando como base el esquema de “justicia transicional”, o procedimientos especiales de justicia, que se crearon luego que Santos y los líderes guerrilleros estrecharon su mano en la Habana.

Ese modelo de justicia “pactado” consiste en que aquellos que cometieron graves crímenes, -que no es el caso de Márquez y Santrich-, sean sometidos a un proceso penal ante tribunales especiales y reciban sanciones de diverso tipo. Para aquellos que confiesen sus crímenes y entreguen sus armas, la pena máxima seria de 8 años y se cumpliría con restricción de libertad, pero fuera de la cárcel. Quienes no confiesen sus crímenes o mientan, pueden llegar a recibir penas de 20 años para cumplirlos recluidos en cárceles tradicionales.

La fórmula de “justicia transicional” premia a todos aquellos homicidas y terroristas que pidan perdón a sus víctimas. Pero esos victimarios estarían obteniendo sobrados beneficios por su arrepentimiento. Muchos de ellos podrán llevar una vida completamente normal y algunos otros hasta podrían ser electos para cargos públicos. Este fue el caso de Márquez y Santrich, quienes fueron premiados con los cargos de Senador y Diputado, respectivamente, en 2018.

Queda claro que en el acuerdo que promovió Santos, las víctimas obtuvieron menos beneficios que los recibidos por sus victimarios. Y el problema es que estos acuerdos fueron una imposición de Santos. Él siguió adelante a pesar de que el público colombiano rechazara de manera contundente, por la vía de un referéndum, los acuerdos con las FARC. La reconciliación en Colombia sigue siendo una quimera. Santos es responsable de ese hecho. ¡Devuelva el premio Nobel de la Paz, Sr. Santos!

 

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